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jueves, noviembre 15, 2007

"Caso" - Rubén Darío

Volvemos a traeros un poema de nuestro querido Rubén Darío que en esta ocasión nos relata una historia de amor pero con un tono jocoso y al mismo tiempo muy sensible.





Caso

A un cruzado caballero,
garrido y noble garzón,
en el palenque guerrero
le clavaron un acero
tan cerca del corazón,

que el físico al contemplarle,
tras verle y examinarle,
dijo: «Quedará sin vida
si se pretende sacarle
el venablo de la herida».

Por el dolor congojado,
triste, débil, desangrado,
después que tanto sufrió,
con el acero clavado
el caballero murió.

Pues el físico decía
que, en dicho caso, quien
una herida tal tenía,
con el venablo moría,
sin el venablo también.

¿No comprendes, Asunción,
la historia que te he contado,
la del garrido garzón
con el acero clavado
muy cerca del corazón?

Pues el caso es verdadero;
yo soy el herido, ingrata,
y tu amor es el acero:
¡si me lo quitas, me muero;
si me lo dejas, me mata!

Rubén Darío


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miércoles, octubre 17, 2007

Caupolicán - Rubén Darío

Hoy incorporamos un nuevo fichaje a nuestra lista de poetas selectos, y es un un fichaje estrella donde los haya, nada menos que Rubén Darío.

No hace falta que le presente a este reconocido mundialmente poeta nicaragüense, pues todos le conocemos y solo quiero mencionar que he elegido este poema a Caupolicán para su entrada en Ciudad Poesía, pues creo que le representa soberanamente con su vibrante lenguaje descriptivo y su grácil verbo.




Caupolicán


Es algo formidable que vio la vieja raza:
robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón.

Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,
pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
desjarretar un toro, o estrangular un león.

Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,
le vio la tarde pálida, le vio la noche fría,
y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.

«¡El Toqui, el Toqui!» clama la conmovida casta.
Anduvo, anduvo, anduvo. La aurora dijo: «Basta»,
e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.

Rubén Darío


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