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jueves, enero 24, 2008

La niña va por mi frente - Federico García Lorca

Hacía tiempo que no traía un poema de Federico García Lorca, y eso no puede ser, ya que es uno de los máximos exponentes de la poesía española, y ademas, como ya sabéis, uno de mis poetas predilectos.

Su verbo, su baile de calificativos, su arboleda de versos que se desplazan como violines llenos de dulzura, me hacen vibrar como pocos. Os dejo un poema poco conocido pero precioso sin duda.



La niña va por mi frente


¡Oh, qué antiguo sentimiento!

¿De qué me sirve, pregunto,
la tinta, el papel y el verso?

Carne tuya me parece,
rojo lirio, junco fresco.
Morena de luna llena.
¿Qué quieres de mi deseo?

Por las orillas del río
se está la noche mojando
y en los pechos de Lolita
se mueren de amor los ramos.

Se mueren de amor los ramos.

La noche canta desnuda
sobre los puentes de marzo.
Lolita lava su cuerpo
con agua salobre y nardos.

Se mueren de amor los ramos.

La noche de anís y plata
relumbra por los tejados.
Plata de arroyos y espejos.
Anís de tus muslos blancos.

Se mueren de amor los ramos.

Federico García Lorca



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sábado, diciembre 15, 2007

En el fondo de la noche… - Gabriel Celaya

Vuelvo a traer a mi querido Gabriel Celaya al que nunca podré devolver todo lo que me dio con su poesía.

En esta ocasión os traigo un poema con una fuerza tremenda, lleno de energía, de coraje, de vivencias de conflictos, un poema tremendamente vivo como todo lo que rodeó a Gabriel durante su existencia, espero que os guste.




En el fondo de la noche…

En el fondo de la noche tiemblan las aguas de plata.
La luna es un grito muerto en los ojos delirantes.
Con su nimbo de silencio
pasan los sonámbulos de cabeza de cristal,
pasan como quien suspira,
pasan entre los hielos transparentes y verdes.

Es el momento de las rosas encarnadas y los puñales de acero
sobre los cuerpos blanquísimos del frío.

En el fondo de la noche tiembla el árbol del silencio;
los hombres gritan tan alto que solo se oye la luna.

Es el momento en que los niños se desmayan sobre los pianos,
el momento de las estatuas en el fondo transparente de las aguas,
el momento en que por fin todo parece posible.
En el fondo de la noche tiembla el árbol del silencio.

Decidme lo que habéis visto los que estabais con la cabeza vuelta.
La quietud de esta hora es un silencio que escucha,
el silencio es el sigilo de la muerte que se acerca.
Decidme lo que habéis visto.
En el fondo de la noche
hay un escalofrío de cuerpos ateridos
.

Gabriel Celaya


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martes, octubre 16, 2007

Romance de la luna, luna - Federico García Lorca

Lorca, Lorca, mi querido Lorca, un vals de palabras, una canción de cuna que calma y tranquiliza mientras emociona.

Que riqueza de sentimientos surgen del surtidor de verso de sus poemas.




Romance de la luna, luna

A Conchita García Lorca,

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
-Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,
¡ay, como canta en el árbol!
por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando
.

Federico García Lorca


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martes, enero 16, 2007

"Insomnio de agua" - Antonio Domingo


"Insomnio de agua"

Y en la fría soledad de la mirada,
la noche blanca de las estrellas
amortiguaba el desvelo del agua.

Dime que me duerma, dime mi amada
luna que aunque no te vea, sigues de cerca
mi sueño, dime que la inexacta silueta
que intuyo y siento es la sombra
de tu madrugada protegiendo el reino
de mis descansos y de mi almohada.

Antonio Domingo