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jueves, enero 03, 2008

Pena bienhallada - Miguel Hernández

Hace tiempo que declaré públicamente mi pasión por la poesía de Miguel Hernández con lo que ya me evito dos cosas, la primer el volver a explicarlo y la segunda el ser comedido para que no se me note. Me gusta que se sepa y me enorgullezco de ello.

Y es que para mi, Miguel Hernández tiene esa magia en las palabras que sus versos brillan en la soledad de los silencios creando una armonía como pocos saben hacerlo, y da igual de lo que hable, sus poemas son entidades con personalidad y elegancia.



Pena bienhallada

Ojinegra la oliva en tu mirada,
boquitierna la tórtola en tu risa,
en tu amor pechiabierta la granada,
barbioscura en tu frente nieve y brisa.

Rostriazul el clavel sobre tu vena,
malherido el jazmín desde tu planta,
cejijunta en tu cara la azucena,
dulciamarga la voz en tu garganta.

Boquitierna, ojinegra, pechiabierta,
rostriazul, barbioscura, malherida,
cejijunta te quiero y dulciamarga.

Semiciego por ti llego a tu puerta,
boquiabierta la llaga de mi vida,
y agriendulzo la pena que la embarga.

Miguel Hernández


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lunes, noviembre 19, 2007

Canción última - Miguel Hernández

Volvemos a traer a mi querido poeta de las pasiones, Miguel Hernández, y esta vez con un poema lleno de energía y énfasis.




Canción última

Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.

Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa,
con su ruinosa cama.

Florecerán los besos
sobre las almohadas.
y en torno de los cuerpos
elevará la sábana
su intensa enredadera
nocturna, perfumada.

El odio se amortigua
detrás de la ventana.

Será la garra suave.

Dejadme la esperanza.

Miguel Hernández


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sábado, octubre 20, 2007

Nanas de la cebolla - Miguel Hernández

Una vez más os traigo un poema de Miguel Hernández, y os adelanto que será uno de los autores que iremos leyendo más a lo largo del tiempo, porque como bien sabéis me fascina su forma de esculpir las palabras, pues consigue que se conmueva hasta lo más profundo de nuestro ser, y siempre con un lenguaje sencillo, pero sublime, lleno de color y ternura pero al mismo tiempo real como una fotografía.




Nanas de la cebolla

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre su cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso. Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma, al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pones alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor. La carne aleteante,
súbito el párpado,
y el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño;
nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna
defendiendo la risa
pluma por pluma. Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Miguel Hernández


viernes, septiembre 28, 2007

Tengo estos huesos hechos... - Miguel Hernández

Miguel Hernández... mi querido y cercano Miguel Hernández.

¿Que puedo decir de él? Leo este poema de amor escrito con esa sencillez tan diáfana que nos acostumbra, en donde los versos van y vienen con una armonía tal que te envuelven y te hacen vivir su sufrimiento, que no puedo dejarlo pasar sin publicarlo. Sencillo pero que forma tan especial de decirlo.



Tengo estos huesos hechos

Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.

Como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes,
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.

Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.

Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en ti siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo.

sábado, agosto 25, 2007

El amor ascendía entre nosotros - Miguel Hernández

Ya sabéis que para mí Miguel Hernández es algo especial. Tiene una forma de decir las cosas muy personal como todo buen poeta, y que incluso a veces parece que ha dicho lo contrario de lo que se espera que diga, pero cuando seguimos y terminamos de leer, nos ha impregnado de un aroma de sentimiento como pocos consiguen hacerlo.

Como me gusta intentar traer algunos poemas menos conocidos, os dejo este que es un poema de amor, sencillo pero lleno de sensibilidad, de emociones, de vida.




El amor ascendía entre nosotros

El amor ascendía entre nosotros
como la luna entre las dos palmeras
que nunca se abrazaron.

El íntimo rumor de los dos cuerpos
hacia el arrullo un oleaje trajo,
pero la ronca voz fue atenazada.

Fueron pétreos los labios.
El ansia de ceñir movió la carne,
esclareció los huesos inflamados,
pero los brazos al querer tenderse
murieron en los brazos.

Pasó el amor, la luna, entre nosotros
y devoró los cuerpos solitarios.
Y somos dos fantasmas que se buscan
y se encuentran lejanos.

Miguel Hernández

domingo, abril 15, 2007

"Elegía" - Miguel Hernández

Hoy traigo una poesía conocida por casi todos pero que es un canto de dolor y sentimiento que a pesar de los años que hace que fue asesinado Miguel Hernández, sigue manteniendo la pureza y la energía de cuando la escribió.

Reconozco que a mi personalmente me encanta su obra en general, pero hay algunas, como esta, que me conmueven y hacen sentir, que es uno de los principales fines del poeta cuando se sienta anta la hoja en blanco.



"Elegía"

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
dis ndo tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Miguel Hernández