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viernes, diciembre 21, 2007

Canción de otoño en primavera - Rubén Darío

Hoy es un día especial, porque traemos un clásico entre los clásicos, un poema de los que hemos escuchado miles de veces, al menos los dos versos que se repiten, y hasta los menos seducidos por la poesía lo han repetido en alguna ocasión aun sin saber quien es el maestro que lo escribió.

Pues para todos os traigo este preciosos poema, lleno de expresividad y sentimiento, de vivencias y alegría. Nada menos que de Rubén Darío, al que ya hemos traído en varias ocasiones y que os aseguro que volverá muchas más.




Canción de Otoño en Primavera

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y de aflicción.

Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.

Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.

Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...

En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe...

Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.

Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;

y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.

¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.

En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardín...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
¡Mas es mía el Alba de oro!

Rubén Darío



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domingo, noviembre 11, 2007

"Adolescencia" - Vicente Aleixandre

Ya vais conociendo las dinámicas de Ciudad Poesía, y que una de ellas es seguir incorporando nuevos poetas de continuo, ya que la historia de la poesía es tan amplia que si no lo hacemos no podríamos decir que reflejamos la riqueza de este bellos género que no entiende de idiomas, de sexos, de nacionalidades, de culturas ni edades.

Y hoy os traemos un poema de Vicente Aleixandre, y que evidentemente no necesita presentación pues su nombre es de todos conocido. Creo que la ternura de estos versos son suficientes para no tener que añadir florituras.



Adolescencia

Vinieras y te fueras dulcemente,
de otro camino
a otro camino. Verte,
y ya otra vez no verte.
Pasar por un puente a otro puente.
—El pie breve,
la luz vencida alegre—.

Muchacho que sería yo mirando
aguas abajo la corriente,
y en el espejo tu pasaje
fluir, desvanecerse.

Vicente Aleixandre


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martes, mayo 29, 2007

"La rama robada" - Pablo Neruda

Y seguimos trayendo poetas de renombre y ante los cuales se han emocionado varias generaciones de diferentes países, pues es tan sencilla su poesía, que es capaz de llevarnos de la mano de su palabra hasta lo cotidiano pero con una dulzura, con una sutileza, con una gestualidad fonética que nos hace rendirnos ante la majestuosidad de su obra, aunque sean versos tan poco conocidos como estos.

Pablo Neruda es y será siempre un grande entre los grandes y no podíamos dejar de tenerle en este blog, y por supuesto le volveremos a escuchar más veces muy pronto.





"La rama robada"

En la noche entraremos
a robar
una rama florida.

Pasaremos el muro,
en las tinieblas del jardín ajeno,
dos sombras en la sombra.

Aún no se fue el invierno,
y el manzano aparece
convertido de pronto
en cascada de estrellas olorosas.
En la noche entraremos
hasta su tembloroso firmamento,
y tus pequeñas manos y las mías
robarán las estrellas.

Y sigilosamente,
a nuestra casa,
en la noche y en la sombra,
entrará con tus pasos
el silencioso paso del perfume
y con pies estrellados
el cuerpo claro de la primavera.


Pablo Neruda

lunes, mayo 14, 2007

"Las huellas que nos trajeron hasta aquí" - Antonio Domingo

Hacía mucho que no os dejaba un poema mío, así que después de dos meses me toca uno propio, espero que os guste.

He escogido este pues refleja la cruda e intensa vivencia de esa juventud irrespetuosa y salvaje que tuve, y como suelo decir, si existe el Angel de la Guarda, a mi me pusieron un equipo completo a cuidarme, al menos en esa etapa.



"Las huellas que nos trajeron hasta aquí"

Aun recuerdo aquel mañana lejano
en que amanecieron mis veinte años;
fuego adivinado que calentaba
mis ensoñaciones de futuros desdibujados.

Sembraba mis diecisiete con premuras y miradas,
siendo Colon insaciable de experimentos de vida
que me acercaban al abismo, y a una nada
que con sombras de cristales rotos se vestía.

Me reté a no cumplir los cuarenta en las cornisas
de hielo con olor a madrugada, y ni las
tiernas caricias con que mimaba mi sueño
refrenaron el hambre de aplausos y sonrisas.

No supe devolverles el cariño y los besos
a los años que murieron en mi regazo,
esos fieles compañeros enjambrados
en que me aupé para llegar a los veintitantos.

Antonio Domingo


lunes, mayo 07, 2007

A punto ya de cumplir los veinte años - Angel Arias

Hoy he querido dejaros un poema de un amigo, Angel Arias, al que aprecio, y que tiene poesías de esas que nos hacen pensar, de las que hablan de lo que muchas veces sentimos, de las cosas que vivimos pero que callamos pensando que solo nosotros las podríamos poner voz pero que luego al leerlas pensamos en lo bien que ha hecho el retrato de nuestro sentimiento o de nuestra percepción.


"A punto ya de cumplir los veinte años"


(dedicado a Antonio Gamoneda, que reconoce que "no apunto ideas;

apunto ocurrencias, versos, líneas, en cuanto las identifico con el lenguaje poético"

(EP, Babelia, 24 de marzo de 2007))


A punto ya de cumplir los veinte años
Creo que fui yo quien escribí a una bella mujer
Una muy hermosa carta de amor
Que no tuve nunca la oportunidad de entregarle
Porque cuando volví de pasar mis vacaciones con el ocio
Ella se había casado con otro
Y yo había encontrado el amor de mi vida.

Hoy me he cruzado con esa mujer
A la que identifiqué fácilmente: ella
Conservaba el movimiento dulce de sus caderas
Tenia la misma sonrisa plena de esperanzas,
Sus ojos despedían idéntica pasión,
y con gastado rubor noté que me miraba
Mientras yo esperaba para cruzar la calle
cruzándome con ella.

Por unos instantes pensé tener al fin
oportunidad de entregarle
Aquel primer poema de mi amor,
La retahíla de seductoras conveniencias
Que me sabía de memoria
Porque las había usado tantas veces,
Y soñé que era tiempo para reclamar acaso
Los frutos del trabajo del joven seductor
Que el tiempo había hecho desaparecer,
Dejándome por legado un rostro cansado.

Solo que al verme reflejado en el cristal
Del comercio de enfrente, comprendí que estaba a punto
De cometer uno más de los infinitos errores de mi vida.

Ella era la misma, es decir, la belleza
Que tanto amamos los hombres al envejecer
Y que tanto daño hace a la pasión de los poetas,
Pero la joven que estaba ante mí solo era parecida a la otra,
Que ya no andaba por allí, porque también se habría adentrado
en el umbral de la edad, y, en otro sitio, como a mí,
solo nos sostendrían la imaginación y los recuerdos.

Cuando pasó por mi lado confirmé que la joven no miraba a nadie,
Era solo una mujer bella que caminaba hacia delante,
Segura de suscitar oportunidades de amor
y convertirlas en humo, ocurrencias y poemas.


Abril 2006

Angel Arias