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miércoles, noviembre 21, 2007

Después de veinte años - Antonio Gamoneda

Volvemos hoy con Antonio Gamoneda y este poema lleno de vivencias, duras vivencias de la terrible época en la que le tocó vivir.




Después de veinte años

Cuando yo tenía catorce años
me hacían trabajar hasta muy tarde.

Cuando llegaba a casa,
me cogía la cabeza mi madre entre sus manos.

Yo era un muchacho que amaba el sol y la tierra
y los gritos de mis camaradas en el soto
y las hogueras en la noche
y todas las cosas que dan salud y amistad
y hacen crecer el corazón.

A las cinco del día, en el invierno,
mi madre iba hasta el borde de mi cama
y me llamaba por mi nombre
y acariciaba mi rostro hasta despertarme.

Yo salía a la calle y aún no amanecía
y mis ojos parecían endurecerse con el frío.

Esto no es justo, aunque era hermoso
ir por las calles y escuchar mis pasos
y sentir la noche de los que dormían
y comprenderlos como a un solo ser,
como si descansaran de la misma existencia,
todos en el mismo sueño.

Entraba en el trabajo.
La oficina olía mal y daba pena.
Luego, llegaban las mujeres.
Se ponían a fregar en silencio.

Veinte años.
He sido escarnecido y olvidado.
Ya no comprendo la noche
ni el canto de los muchachos sobre las praderas.
Y, sin embargo, sé
que algo más grande y más real que yo
hay en mí, va en mis huesos:

Tierra incansable,
firma la paz que sabes.
Danos nuestra existencia a nosotros mismos.


Antonio Gamoneda



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lunes, octubre 22, 2007

Blues del Cementerio - Antonio Gamoneda

Hoy volvemos a traer a nuestra cotidianeidad a un poeta español, asturiano por más señas, que tiene una poesía muy particular y llena de vida diaria, de cosas que nos obligan a reflexionar, de situaciones repletas de silencio y miradas.

Antonio Gamoneda, os recuerdo que fue premiado hace unos meses y que en aquella ocasión aprovechamos para incluirle en nuestras listas. Esta vez, y las próximas, no necesitamos excusas para hacerlo, lo hacemos porque queremos tenerle en nuestro equipo y lustrar este blog con el brillo de sus versos.




Blues del Cementerio

Conozco un pueblo ¿no lo olvidaré?
que tiene un cementerio demasiado grande.
Hay en mi tierra un pueblo sin ventura
porque el cementerio es demasiado grande.
Sólo hay cuarenta almas en el pueblo.
No sé para qué tanto cementerio.

Cierto año la gente empezó a irse
y en muchas casas no quedaba nadie.
El año que la gente empezó a irse
en muchas casas no quedaba nadie.
Se llevaban los hijos y las camas.
Tenían que matar los animales.

El cementerio ya no tiene puertas
y allí entran y salen las gallinas.
El cementerio ya no tiene puertas
y salen al camino las ortigas.
Parece que saliera el cementerio
a los huertos y a las calles vacías.

Conozco un pueblo. No lo olvidaré.
Ay, en mi tierra sin ventura,
no olvidaré a mi pueblo.

¡Qué mala cosa es haber hecho
un cementerio demasiado grande!

Antonio Gamoneda


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lunes, mayo 07, 2007

A punto ya de cumplir los veinte años - Angel Arias

Hoy he querido dejaros un poema de un amigo, Angel Arias, al que aprecio, y que tiene poesías de esas que nos hacen pensar, de las que hablan de lo que muchas veces sentimos, de las cosas que vivimos pero que callamos pensando que solo nosotros las podríamos poner voz pero que luego al leerlas pensamos en lo bien que ha hecho el retrato de nuestro sentimiento o de nuestra percepción.


"A punto ya de cumplir los veinte años"


(dedicado a Antonio Gamoneda, que reconoce que "no apunto ideas;

apunto ocurrencias, versos, líneas, en cuanto las identifico con el lenguaje poético"

(EP, Babelia, 24 de marzo de 2007))


A punto ya de cumplir los veinte años
Creo que fui yo quien escribí a una bella mujer
Una muy hermosa carta de amor
Que no tuve nunca la oportunidad de entregarle
Porque cuando volví de pasar mis vacaciones con el ocio
Ella se había casado con otro
Y yo había encontrado el amor de mi vida.

Hoy me he cruzado con esa mujer
A la que identifiqué fácilmente: ella
Conservaba el movimiento dulce de sus caderas
Tenia la misma sonrisa plena de esperanzas,
Sus ojos despedían idéntica pasión,
y con gastado rubor noté que me miraba
Mientras yo esperaba para cruzar la calle
cruzándome con ella.

Por unos instantes pensé tener al fin
oportunidad de entregarle
Aquel primer poema de mi amor,
La retahíla de seductoras conveniencias
Que me sabía de memoria
Porque las había usado tantas veces,
Y soñé que era tiempo para reclamar acaso
Los frutos del trabajo del joven seductor
Que el tiempo había hecho desaparecer,
Dejándome por legado un rostro cansado.

Solo que al verme reflejado en el cristal
Del comercio de enfrente, comprendí que estaba a punto
De cometer uno más de los infinitos errores de mi vida.

Ella era la misma, es decir, la belleza
Que tanto amamos los hombres al envejecer
Y que tanto daño hace a la pasión de los poetas,
Pero la joven que estaba ante mí solo era parecida a la otra,
Que ya no andaba por allí, porque también se habría adentrado
en el umbral de la edad, y, en otro sitio, como a mí,
solo nos sostendrían la imaginación y los recuerdos.

Cuando pasó por mi lado confirmé que la joven no miraba a nadie,
Era solo una mujer bella que caminaba hacia delante,
Segura de suscitar oportunidades de amor
y convertirlas en humo, ocurrencias y poemas.


Abril 2006

Angel Arias



domingo, abril 29, 2007

Frío de límites - Antonio Gamoneda

Hoy os traigo a un poeta contemporáneo que acaba de recibir el pasado 23 de Abril el Premio Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes.

He seleccionado este poema porque me ha transmitido emociones, y aunque habría muchos que destacar, solo podemos poner uno cada vez. Espero que os guste como a mí.




"Frío de límites"



A la penumbra auricular no viene nunca el sonido del
amanecer. Muge el silencio en las ocultas bóvedas y se desliza en tus
membranas. Silban los pájaros y tu pasión es sorda.

Tú no estás ya en tus oídos.

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Va a amanecer. Hay noche aún sobre tus llagas.
Ya vienen los cuchillos del día. No
te desnudes en la luz, cierra los ojos.
Quédate en tu cama sangrienta.

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Ardes bajo las túnicas carnales.
Ha sido inútil la sutura negra:
no hay agua en ti. todas las fuentes manan en otra edad
y se enloquece la pureza de la copa vacía.


Antonio Gamoneda