jueves, octubre 04, 2007

"Marina impasible" - José Hierro

De nuevo os traigo un poema de este entrañable poeta de sensaciones que, no se si a vosotros os pasa igual,pero a mi me deja un regusto, un poso, que me colorea el corazón.

Es como esos vinos viejos, llenos de identidad y cuerpo, que después de haber terminado el ultimo trago siguen hablándonos un rato, pues con José Hierro me pasa algo similar.

Espero que este también os guste.





Marina impasible

Por primera vez, o por última,
soy libre...

Arbustos con espuelas
de marfil. Rocas oxidadas.
El otoño pliega sus tonos
frente al crujido de las olas.
Por primera vez, o por última.

Las gaviotas tocan sus oboes
de tormenta. Unos dedos verdes
hunden la luna en luz marina,
la tienden al pie del silencio.
Se ha desnudado una mujer
y muestra sus luces mellizas;
al huir, dispersa su paso
luminosa arena de estrellas.
Por primera vez, o por última.

Tijeras de oro en el poniente.
Se enciende un violín ruiseñor
en el esqueleto del mar.
Garras de nubes estrangulan
el azul, y lo hacen gemir.

Ojos fijos en su tesoro,
presente inmóvil -sin recuerdos,
sin propósitos-, soy ahora.
todo está sometido a un orden
que yo no entiendo. Pero embarco
en la nave, y el marinero
me dirá su cantar, más tarde,
desde el éxtasis...

Por primera,
o por única vez, soy libre.

José Hierro


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miércoles, octubre 03, 2007

Palabras para Julia - José Agustín Goytisolo

Aqui teneis una poesía de José Agustín Goytisolo que ademas de ser bellísima por si misma, se convirtió en canción consiguiendo penetrar en la sociedad más allá de lo que suelen hacer los poemas en general, ya que en boca de Pablo Ibañez se convirtió en un canto que fue de boca en boca durante una década.

A mi me parece preciosa, llena de luz y de cariño, reflejando una realidad social muy dura y difícil pero con un mensaje de amor repetido y sincero.




Palabras para Julia

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía, es mejor vivir
con la alegría de los hombres,
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto,
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Un hombre sólo, una mujer
así, tomados de uno en uno,
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti,
cuando te escribo estas palabras,
pienso también en otros hombres.

Tu destino está en los demás,
tu futuro es tu propia vida,
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas,
que les ayude tu alegría,
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares,
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname, no sé decirte
nada más, pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre, siempre, acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

José Agustín Goytisolo


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martes, octubre 02, 2007

¿Quien muere? - Pablo Neruda


Hoy volvemos con uno de los grandes que además de no necesitar presentación, ya hemos traído a este blog en ocasiones anteriores.

Hoy os propongo un poema sobre aquellas personas que no arriesgan, que no intentan, que no se atreven a variar su camino y que según Neruda, mueren lentamente.





¿Quien muere?

Muere lentamente
quien se transforma en esclavo del hábito,
repitiendo todos los días los mismos trayectos,
quien no cambia de marca.
No arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.

Muere lentamente
quien hace de la televisión su gurú.

Muere lentamente
quien evita una pasión,
quien prefiere el negro sobre blanco
y los puntos sobre las "íes" a un remolino de emociones,
justamente las que rescatan el brillo de los ojos,
sonrisas de los bostezos,
corazones a los tropiezos y sentimientos.

Muere lentamente
quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo,
quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño,
quien no se permite por lo menos una vez en la vida,
huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente
quien no viaja,
quien no lee,
quien no oye música,
quien no encuentra gracia en si mismo.

Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.

Muere lentamente,
quien pasa los días quejándose de su mala suerte
o de la lluvia incesante.

Muere lentamente,
quien abandona un proyecto antes de iniciarlo,
no preguntando de un asunto que desconoce o
no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.

Evitemos la muerte en suaves cuotas,
recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor
que el simple hecho de respirar.
Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos
una espléndida felicidad.


Pablo Neruda

lunes, octubre 01, 2007

Agua - Gabriela Mistral

Hoy traigo este poema de una mujer chilena que hizo grande el oficio de ser poeta, Gabriela Mistral, esa voz de papel que acaricia con su ritmo cadencioso en la redondez las ternuras del alma haciéndonos vibrar con palabras sencillas y rimadas.

Este poema habla del agua y de países y ciudades que tienen relación con este elemento tan esencial haciéndonos partícipes de sus recuerdos como si estuviéramos allí con tan solo unos pocos versos.



Agua

Hay países que yo recuerdo
como recuerdo mis infancias.
Son países de mar o río,
de pastales, de vegas y aguas.
Aldea mía sobre el Ródano,
rendida en río y en cigarras;
Antilla en palmas verdi-negras
que a medio mar está y me llama;
¡roca lígure de Portofino,
mar italiana, mar italiana!

Me han traído a país sin río,
tierras-Agar, tierras sin agua;
Saras blancas y Saras rojas,
donde pecaron otras razas,
de pecado rojo de atridas
que cuentan gredas tajeadas;
que no nacieron como un niño
con unas carnazones grasas,
cuando las oigo, sin un silbo,
cuando las cruzo, sin mirada.

Quiero volver a tierras niñas;
llévenme a un blando país de aguas.
En grandes pastos envejezca
y haga al río fábula y fábula.
Tenga una fuente por mi madre
y en la siesta salga a buscarla,
y en jarras baje de una peña
un agua dulce, aguda y áspera.

Me venza y pare los alientos
el agua acérrima y helada.
¡Rompa mi vaso y al beberla
me vuelva niñas las entrañas
!

Gabriela Mistral

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domingo, septiembre 30, 2007

Autobiografía - Amado Nervo

Hoy he querido traer a otro poeta ilustre, un poeta con el verbo fácil y el lenguaje sigiloso, con la rima abierta y la palabra seductora.

Hoy he elegido este poema de Amado Nervo, un mexicano que consiguió darle a la poesía un estandarte sin fronteras, y he elegido precisamente este, que se llama Autobiografía para que veáis que opinaba de la suya. Precioso poema que aun siendo breve es tremendamente luminoso.




Autobiografía

¿Versos autobiográficos ? Ahí están mis canciones,
allí están mis poemas: yo, como las naciones
venturosas, y a ejemplo de la mujer honrada,
no tengo historia: nunca me ha sucedido nada,
¡oh, noble amiga ignota!, que pudiera contarte.

Allá en mis años mozos adiviné del Arte
la armonía y el ritmo, caros al musageta,
y, pudiendo ser rico, preferí ser poeta.
-¿Y después?

-He sufrido, como todos, y he amado.
¿Mucho?
-Lo suficiente para ser perdonado...

Amado Nervo

viernes, septiembre 28, 2007

Tengo estos huesos hechos... - Miguel Hernández

Miguel Hernández... mi querido y cercano Miguel Hernández.

¿Que puedo decir de él? Leo este poema de amor escrito con esa sencillez tan diáfana que nos acostumbra, en donde los versos van y vienen con una armonía tal que te envuelven y te hacen vivir su sufrimiento, que no puedo dejarlo pasar sin publicarlo. Sencillo pero que forma tan especial de decirlo.



Tengo estos huesos hechos

Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.

Como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes,
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.

Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.

Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en ti siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo.

jueves, septiembre 27, 2007

Canción Otoñal - Federico García Lorca

Hoy vuelvo con uno de mis preferidos, ya me vais conociendo que no me escondo, y dado que recién entramos en el Otoño en esta parte del planeta, nada mejor que este poema de Federico García Lorca para ello.

Me cuesta ser imparcial con poemas como este donde rezuman los sentimientos, donde la pasión por la vida queda reflejada en cada verso, y donde la musicalidad con que nos lo cuenta nos hace vibrar en cada estrofa. Precioso poema que nos habla de lo que vivimos y de lo que pensamos, pero con el lenguaje y la cadencia de Federico.





Canción Otoñal

Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas,
pero mi senda se pierde
en el alma de la niebla.
La luz me troncha las alas
y el dolor de mi tristeza
va mojando los recuerdos
en la fuente de la idea.

Todas las rosas son blancas,
tan blancas como mi pena,
y no son las rosas blancas,
que ha nevado sobre ellas.
Antes tuvieron el iris.
También sobre el alma nieva.
La nieve del alma tiene
copos de besos y escenas
que se hundieron en la sombra
o en la luz del que las piensa.

La nieve cae de las rosas,
pero la del alma queda,
y la garra de los años
hace un sudario con ellas.

¿Se deshelará la nieve
cuando la muerte nos lleva?
¿O después habrá otra nieve
y otras rosas más perfectas?
¿Será la paz con nosotros
como Cristo nos enseña?
¿O nunca será posible
la solución del problema?

¿Y si el amor nos engaña?
¿Quién la vida nos alienta
si el crepúsculo nos hunde
en la verdadera ciencia
del Bien que quizá no exista,
y del Mal que late cerca?

¿Si la esperanza se apaga
y la Babel se comienza,
qué antorcha iluminará
los caminos en la Tierra?

¿Si el azul es un ensueño,
qué será de la inocencia?
¿Qué será del corazón
si el Amor no tiene flechas?

¿Y si la muerte es la muerte,
qué será de los poetas
y de las cosas dormidas
que ya nadie las recuerda?
¡Oh sol de las esperanzas!
¡Agua clara! ¡Luna nueva!
¡Corazones de los niños!
¡Almas rudas de las piedras!
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas
y todas las rosas son
tan blancas como mi pena.

Federico García Lorca


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